martes, 22 de julio de 2014

En el mal no sólo hay mal: el lado positivo de las contrariedades.

Por otra parte, hay que admitir que las contrariedades, por penosas que sean, no traen sólo inconvenientes, sino que a menudo contienen muchas ventajas.


La primera de ellas es que nos impiden constituirnos en propietarios de nuestras vidas y de nuestro tiempo, y evitan que nos encerremos en nuestros proyectos, nuestros planes o nuestro juicio personal. La auténtica cárcel que nos aprisiona y de la que debemos liberamos somos nosotros mismos y nuestra pequeñez de corazón y de entendimiento. Cuanto son los cielos más altos que la tierra, tanto están mis caminos por encima de los vuestros, y por encima de los vuestros mis pensamientos 31 , dice la Escritura. En la vida, lo peor que podría sucedemos es que todo fuera de acuerdo con nuestros deseos: eso supondría el fin de todo crecimiento. Para ir adentrándonos poco a poco en la sabiduría divina, que es infinitamente más bella, más rica, más fecunda y más misericordiosa que la nuestra 38, es necesario que nuestra sabiduría humana se tambalee: no para ser destruida, sino elevada y purificada; para quedar prisionera de sus propios límites, porque siempre se halla marcada por una parte de egoísmo y de orgullo, de faltas de fe y de amor más o menos conscientes. Existe en nosotros mucha estrechez de corazón y de miras que hay que eliminar para poder recibir progresivamente la sabiduría divina y vivir una profunda renovación y un ensanchamiento de nuestras mentalidades. Mientras que el pecado es estrechez, la santidad es amplitud de espíritu y grandeza de alma. (J. Phillippe)

No hay comentarios:

Publicar un comentario