lunes, 4 de noviembre de 2013

DÍA DE TODOS LOS SANTOS



Expresión que cada día dice muy poco, porque va perdiendo el verdadero valor que encierra en la vida de cada cristian@. En esta ocasión me detuve a reflexionar de lo que podría significar para mí. ¿Cómo vivo o vivimos hoy la santidad? Un tanto complicado responder, sin embargo siento que es el llamado que Dios me hace en el diario acontecer de mi vida, a través pequeñas obras llenas de caridad, en la manera como me relaciono con mi prójimo: Mi familia, mis vecinos, mis hermanos y todas las personas con quienes me encuentro; en la mirada silenciosa y cálida, en el trato amable y cortez, en la amistad libre y transparente, en la búsqueda de la verdad, en el compromiso con el pobre. Entrar en la experiencia de la santidad es abrir el corazón a la misericordia de Dios, para que sea él quien lo vaya transformando y convirtiendo con su gracia. En resumidas cuentas, entrar en la experiencia de la santidad es vivir según los sentimientos de Jesús.
Nos dice una reflexión: "La santidad no reside en las manos, sino en el corazón; no se decide fuera, sino dentro del hombre, y se resume en la caridad. Los mediadores de la santidad de Dios ya no son lugares (el templo de Jerusalén o el monte de las Bienaventuranzas), ritos, objetos y leyes, sino una persona, Jesucristo. En Jesucristo está la santidad misma de Dios que nos llega en persona, no en una lejana reverberación suya. Él es «el Santo de Dios»" (Jn 6, 69)
Es en la experiencia de la fragilidad, de la debilidad humana del sentir que no se avanza, que nada tiene sentido, del sin sabor de la vida, es de donde Dios te sigue invitando a vivir la santidad.
Jesús, me invita y nos invita a "SER PERFECTOS COMO SU PADRE ES PERFECTO". Pidamos el don de la santidad y la fuerza a su Espíritu para que infunda la fortaleza y audacia necesaria para alcanzarla,  don y una tarea que debemos pedir todos los días de nuestra existencia. Dios los bendiga.